Viejos amigos
Qué tal, viejo amigo, hoy nos volvemos a encontrar, justo cuando no hallaba aliento entre los muros de la ciudad.
Cuánto tiempo sin vernos y, ¿Qué te voy a contar? que ahí fuera vas muy rápido y apenas te logro vislumbrar.
Yo sigo, con mi corazón añejo, viendo la vida pasar, contando golondrinas mientras me comienzo a agrietar.
Hace tiempo que te conocí, en aquel banco junto al mar, me dijiste que no me abandonarías y ni una sola palabra más.
Desde entonces te he buscado te di mi corazón, de verdad, pero hace poco descubrí que a ti no se te puede amar, eres libre, no te puedo tener, ni retener, ni amordazar, tú vuelas como aquel pájaro que con su cantina al despertar entona un himno de vida llamando a la libertad.
Tú, al que solo vemos cuando te vas, y una vez te has ido ya solo nos queda suspirar.
Eres una paradoja,
eterno, fugaz,
compasivo, salvaje,
imposible de domar.
Solo tú tratas
a lo infinito por igual.
Tenue, a veces te olvidan, pero te encargas de recordar que a tu paso nacen flores y otras empiezan a marchitar.
Hace tiempo que elegí ser mi propia deidad para evitar así que dogmas me pudieran amordazar.
Pues solo a ti obedezco
solo tú me puedes atar.
Tú nos controlas a todos
aunque lo intentemos negar.
Tan solo un recordatorio, amigo,
antes de que vuelvas a marchar,
no te olvides de mí,
y de la pesadumbre de mi cantar.
Hace tiempo que no lates, Tiempo,
en el presidio de mi soledad.