Soy
Soy. Soy de desaparecer sin explicación, sin destino ni retorno definidos, simplemente desaparezco. Soy de maquillar mis ojeras con gafas de sol. Soy de guardar lágrimas para momentos en los que la sed apriete. Soy de abrir mi espalda a las puñaladas. De colgar atrapasueños en los mangos de sus filos. Soy de dar consejos amorosos a las margaritas sin pétalos. Soy de ojos cansados. Soy de apostar al canto cuando juego a cara o cruz. Soy de tirar los dados fuera de la mesa. Soy de mi entender el triángulo amoroso entre papel, la tijera y la piedra. Soy de heridas infectadas en el cariño y de cicatrices mal curadas en las que se lee “Te amo”. De soñar despierto. Soy de no ver el precipicio hasta estar cayendo. Soy de palabras mal escogidas en momentos poco adecuados. Soy de tener vértigo de las expectativas. Soy de quedarme mirando a la nada y sonreír. Soy de intentar abarcar tanto con las manos que acabo tirándolo todo. Soy de perder batallas sin haber olido la pólvora. Soy de olvidar hasta mi nombre, hasta el amanecer, hasta tu voz. Soy de tatuarme sentimientos, indicaciones, recuerdos. Soy de dar más de lo que tengo. Soy de callar palabras y escribir con sangre. Soy de enfriar el napalm que sale de mi boca antes de abrir esta. Soy de versos. Soy de metáforas. Soy de tatuarle al papel mis problemas por mucho que se queje. Él se lo ha buscado. Soy de esconderme en un poema cuando el mundo ya me pica y me salen sarpullidos en el alma. Soy de abrazar bombas atómicas a punto de estallar. Soy de mostrar rasguños y ocultar desgarros. Soy de explotar cuando nadie lo espera como una bomba de relojería adelantada unos minutos. Soy más de recitar redundantes retailas que de gritar guturales galimatías. Soy de susurrar. Soy de taparme los oídos con los sonidos fuertes: gritos, llantos, explosiones, globos, cristales, “Te quiero” incendiarios y “Te echo de menos” dispuestos a inmolarse. Soy de corazones rotos y bohemios despechados. Soy de no entender el mundo que me rodea, de observar con ojos de niño lo que “adultos” ignoraron decidiendo mirar hacia otro lado. Soy de abrazar animales y alejarme de humanos. Soy de bases de tres tiempos. Soy de bombo, más que de melodía. Soy más de casa que calle. Más de frío que de calor. Más de montaña de playa. Más de peli que de fiesta. Más de calma que de tempestad. Más de salado que de dulce. Soy de carne (de membrillo), de cabello (de ángel) y de tocino (de cielo). Soy de lluvia. Soy de invierno. Soy de soledad. Soy de suspiros. Soy de sospechas. Soy de sangrar sobre el papel en vez de escribir. Soy de faltas de ortografía, nefasta caligrafía y sofocante empatía. Soy de quedarme solo (y solo) en los momentos menos oportunos. Soy de otro siglo. Soy de regalos inesperados, besos de contrabando, abrazos ladrones (de corazones) y miradas que matan. Soy de amor. Soy de abrazos. Soy de sombra. Soy de dejarme un trozo de mi ser en cada cosa que escribo. Soy melancolía. Soy de sentarme frente a los animales e intentar comprender como son capaces de amarnos como lo hacen. Soy de ser un poco animal, intentando ladrar al pasado, ronronear al presente, y rugir al futuro, intentando amar como ellos hacen. Soy de carne y hueso. Soy efímero. Soy perecedero, pero para mi suerte mis palabras no lo son. Soy de preferir el anonimato y la dulce indiferencia del lector. Soy de emocionarme al ver lágrimas en ojos ajenos por leer mis versos. Soy de dormir lo justo, agazapado. Soy de todos. Soy de nadie. Soy. Pero si me buscas esperando que sea algo, dejaré de ser. Pues solo soy si queriendo ser, soy. Más si no quiero ser, y quieres que sin dejar de ser como soy, siendo, sea, seré sin querer ser y si siendo como soy he de ser como no soy porque tú quieras que sea así, no seré ni voy a ser, pues para ser sin querer ser, para eso mejor no ser nada.