La historia interminable (II)
De 0 a 100 en 16 segundos.
De manos rápidas.
No pierdo el rumbo.
Agarro tu cadera y ya puede temblar el mundo, ya puede arder el cielo que tú y yo estamos juntos.
Tu eres mi Pitufina, enana, pero yo soy tu Dumbo.
Agarra mi mano, muerde el triunfo, que brillen tus rizos, destello nocturno.
Empuja con fuerza derribemos el muro, que las estrellas contigo son más bonitas y punto.
Mi miras, te miro, me pegas, te empujo, cosquillas, pellizcos, me ladras, te rujo.
Te abrazo, mi vida y nos siento solo uno.
Coño, que por ti hasta me trago el orgullo.
Que me ves y sonríes.
Traes paz al tumulto.
Que levantas las manos.
Destino oportuno.
Que corres y me besas.
Benditos los cubos.
Que ni en doscientos poemas caben los te quieros que te marco en la espalda ni las caricias que te debo.
Que si me lo piden tus ojos reviento mis celos.
Que te quiero joder, que contigo es sincero.
Que no existe la rutina si es contigo, mi cielo.
Que cada beso que lanzas me sabe al primero
Que tras esos ojos solo amor es lo que veo.
Que te oigo reír y me arde el pecho.
Que me llames come césped.
Que te llamo metro y medio.
Que me muerdo las uñas si me muerden los nervios.
Que si te rascas peor.
Que te calles que te muerdo.
¿Te enteras de una vez?
Espera, creo que lo entiendo.
Que te amo, te amo, me das el universo.
Que a tu lado no marchito, congelas el momento.
Que contigo una eternidad no parece tanto tiempo.
Que me faltan minutos para comerte a besos.
Porque no me canso de decirte lo que siento.
Y de nuevo lo repito más puro o más blasfemo.
Y traiciono a la rima por repetirte que te quiero.
Que ni doscientos poemas ni diezmil versos pueden captar un ápice de mis sentimientos.
Que adoptaste un corazón que estaba sufriendo y lo colocaste en tu regazo aun estando ardiendo te quemaste las manos por extinguir aquel fuego y le diste calor cuando pasó a ser de hielo.
Que solo contigo me siento eterno.
Que solo a ti te amo sin “peros”.
Que por verte sonreír, quemo los infiernos, te bajo la Luna a mi cuaderno y te pinto constelaciones en el firmamento.
Quizá no seamos inseparables, quizá no nos necesitemos, pero no pienso dejarte ir, pues solo aquel cuatro de enero, moví una pierna, te encontré, te besé y me sentí completo.
Y con cuatro versos acabo para decirte de nuevo por tercera vez rimando:
Cariño, te quiero.