Poemas

Sístole. Diástole.

Mi corazón late. Noto su martillear en mis oídos. Te oigo. Nos oigo. Sigues latiendo. Qué quieres de mí. Qué. Por qué me haces esto. Qué ganas tú con esto. Molestarme. Dañarme. Herirme. Mutilarme. Matarme. Destrozarme. Hacerme desaparecer. Por qué te ríes. Joder. Deja de reírte de una puta vez. Te odio. No estoy solo. Y qué. Ya sé que todo se cae, que todo se derrumba, deja de repetírmelo. Me tienes harto. Pues claro que duele. Cada palabra. Cada beso. Cada caricia. Cada rumor. Cada mirada. Cada puñalada. Pues claro que duelen. Cada uno de ellos. Del primero al último. El amor es un bromista. Pone corazones en mis manos para verlos morir. Cállate. Cierra esa maldita boca. Yo no los marchito. Intento cuidarlos, pero en el momento en el que tocan mis manos quedan sentenciados. Intento guardarlos junto al mío, pero se mueren de frío. Tú lo congelaste. Tú me has vuelto así. Tú has sembrado mi interior de desazón. No te soporto más. Cada vez que intento querer duele, me duelo, duelo, le duelo. El frío ya no me molesta. Sí, me he acostumbrado. También a las sombras. A mi alrededor. Me envuelven. Me aislan. Aislan mi putrefacción. Las siento. Están aquí. Cállate, joder, cállate. Ya sé que nadie me entiende. Que nunca llegarán a comprender un resquicio de mi mente. No me lo recuerdes. No lo entienden. No entienden mis temores. Ya lo sé, cállate. Ya lo sé te he dicho. Acaso crees que sabiendo mi destino vivo tranquilo. Sabiendo que no es sino soledad lo que me espera. Oír el reloj de una habitación cualquiera, solo, para lo que me queda de vida. Tú eres el loco. Tú me vas a volver loco a mí. No soy un inútil, joder. Ponme objetivos más cercanos. No me des tantos a la vez. Joder sabes que no puedo alcanzarlos todos y sigues dando más y más. Me haces sentir impotente. Qué te calles ya, joder, me estás poniendo nervioso. Deja de recordarmelo, joder, déjalo atrás, deja el puto pasado ahí atrás, quiero ser feliz. Deja de repetírmelo. Deja de repetírmelo ya. Ya sé que nadie me entiende, ni ellos, ni ella, nadie. Nadie. Nadie. Nadie. Nadie. Nadie. Ni siquiera tú. Pero sabes algo. Que sigo vivo. Que mi corazón sigue latiendo. Lo oigo. Oigo su latir. Lo noto en los oídos. Sigo vivo. Sigue latiendo. Y tú no puedes hacer nada. Podrás seguir martirizándome. Quemándome. Arañando mi interior. Poniendo sueños imposibles en mi mente. Cortándome las alas. Matándome. Pudriéndome. Pero mi corazón sigue latiendo. Lo oigo. Late en mis oídos. Y no puedes hacer nada. No puedes. No. No puedes. No puedes hacer nada. Que por qué. Por qué. Por. Qué. Es sencillo. Muy sencillo. No lo sabes. De verdad que no lo sabes. Porque si quieres hacer que deje de latir, si quieres arrancármelo, primero tienes que hacer algo.

Tienes que salir de ese puto espejo.