Poemas

Serotonina

La cama tira hacia abajo me susurra y me atrapa, me dice que no corra que ahí fuera no queda nada.

El fantasma ha vuelto, pero ya no le queda rabia, solo me mira y llora. Él también siente lástima.

Otro día que pasa sin que pase nada.

Alexitímia autoimpuesta para escapar del vacío.

Me dice que esté tranquilo. Me sonríe y me repite que todo va a salir bien. Lo que no sabe es que ya estuve aquí, que ya había salido, y otra vez he vuelto a caer.

La vida en blanco y negro. Las emociones en el bolsillo del pantalón. Todo pasa demasiado rápido. Mirando otro atardecer con el corazón en modo avión.

Perdón por la cara larga, por contestar con la guardia alta, pero es que no sabes cuánto pesan las mentiras que me pongo cada mañana para que este mundo no me repudie. Tiran de mi cabeza contra el suelo pegándose como una máscara para que viéndome del revés mi llanto les parezca una carcajada.

Si no estoy, deja un mensaje. No prometo contestar.

Si no aparezco, no te preocupes. No te molestes en llamar.

Cuándo coño dejé de correr descalzo y soñar con las estrellas para volverme otro número en esta sociedad de pocos amigos que me trata como un adulto cuando los adultos nunca me quisieron tratar como un niño.

Me cuesta conjugar el verbo vivir.

Mis musas se fueron. Supongo que también se cansaron de mí. De no poder hacer nada. De verme sufrir.

De qué sirve un poeta si no puede escribir.

Llevo unos días bajo de serotonina. No sé si es el otoño o si echo de menos las pastillas.