Poemas

Rakasta sinua

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Luz blanquecina atraviesa una ventana exhausta de mantener separados el exterior bajo cero de los 37 grados de nuestro lado de la cama.

Encerrados entre los límites de un colchón de 90 centímetros dos cuerpos buscan refugio lejos de un mundo incomprensible y frío.

Despierto para descubrir que aún sigues dormida y en silencio doy las gracias porque aparecieses en mi vida.

Entre las sábanas acaricio tu cara y me aproximo a oler tu pelo mientras te oigo respirar y observo de tu nariz el aleteo.

Me pregunto qué sueñas, qué piensas cuando me miras y tornas risueña, si piensas en el futuro cada vez que me besas, si también te sientes indestructible e indefensa, si esta noche habré vuelto a roncar o me habré quedado dormido aplastándote con mi pierna hasta que hayas tenido que moverme con la dulzura con la que mueve la brisa a la arena y con el cariño con que la Luna consiente a las estrellas.

Anoche, en Laponia, el cielo se iluminó. Quizá fueran falsas auroras, creadas por focos. Quizá fuera real. Quizá fuera un sueño. Quizá fueran tus ojos.

De pronto coges aire llenándote de vida y lo sueltas, con cuidado, acariciando mis costillas.

Abres los ojos.

Te miro y me miras.

Sonríes y sonrío.

Buenos días.