Filofobia
El frío inunda tu corazón y tiemblas asustada dejando sobre tu almohada sueños y frustración.
El pasado te susurra que las sombras no son de fiar y algo dentro de tus entrañas te grita que debes escapar.
Un profundo terror a volver a sentirte vulnerable te hace cerrar ese armazón no dejando que entre nadie.
Respira.
Llegué como flor de cerezo.
Inesperado.
Reventé las puertas de un pecho que creías blindado.
Derretí el hielo con versos y juegos de niño y por primera vez en mucho tiempo volviste a sentir escalofríos.
Puse caricias descuidadas y versos a medio terminar en cicatrices infectadas que nunca terminaron de sanar.
Pero acércate, cariño, y tatúame un atrapasueños con tus labios y ojos negros sobre mi piel desierta para que así las pesadillas vuelen lejos de nuestra cama y solo sean las cosquillas lo que moleste bajo las sábanas.
Habrá días fáciles, y los difíciles les seguirán, pero especialmente, en esos, nunca debes de olvidar que el miedo, pequeña, cuando hablamos de amor, deja de ser necesario y se convierte en una opción cuando lejos de las promesas el que confía es el corazón.