De(scom)presión
El fondo de mis retinas solo refleja el techo de mi habitación. En mis oídos el zumbido del lento batir de este corazón.
Las sábanas, de cemento, oprimen mi pecho contra la cama y el aire no llega a mis pulmones. Olvidé abrir la ventana.
Creo que el sol sigue brillando más allá de las persianas. El tiempo es difícil de seguir cuando ni siquiera puedes contar lágrimas.
No sé cuánto llevo aquí en esta apatía permanente, en este silencio constante, en esta cárcel perenne.
Mamá dice que estoy serio y que estoy siempre triste. Te prometo que quiero salir, pero la risa se me resiste. Que sigo siendo tu niño aunque ya no sonría, te sigo queriendo aunque me enfade cada día y pasee por los pasillos como un autómata sin vida.
El vacío de mi alma va tragando poco a poco los restos de lo que fueron antaño días de oro.
Mamá no llores, saldré de esta. Tras el incendio también renace la foresta.
El dolor en mis manos aumenta por segundos, desgastando las heridas de nuevo contra los muros, intentando controlar la desesperación que nace en mis rincones más oscuros.
Sentir dolor es mejor que no sentir nada cuando la culpa acecha y te oprime la garganta.
Cariño, sé que te hablo menos y quizá pienses que te quiero menos. Que estoy más irritable y que no parezco sincero. Sé que tú también me echas de menos. ¿Pero entenderías esta pena si te la cuento? Sé que todo estará bien, superaré esto, te lo prometo.
Confundo con el deseo el miedo a desaparecer. ¿Puede un hombre muerto sentir volver a nacer?
Las voces dicen que todos me engañan, que estarían mejor sin mí. Dicen que molesto, que debería morir.
Vivo conectado a unos auriculares para intentar no oírlas. Pero por mucho que suba el volumen se cuelan en mis pesadillas.
No duermo. Tampoco estoy despierto. El café ya no funciona. Los días son eternos.
El mundo es hostil mi careta de mármol me enmascara, intentando que la ansiedad se olvide de mi cara.
Los demonios duermen debajo de mi almohada. Me susurran cada noche que no valgo nada.
Hace meses que no escribo ningún verso. Ya ni siquiera me queda eso.
La energía suficiente para seguir respirando. Mi aliento queda impregnado en el techo de mi cuarto.
“Me gustaría haber podido escribir esto 5 o 6 meses atrás, pero en aquel entonces no pude. Lo escribo ahora para recordarme a mí mismo dónde estuve y de dónde salí. Gracias a todos los que estuvieron ahí aunque yo no estuviese, a los que esperaron mi regreso. Pero sobre todo gracias a mí mismo, por haber logrado salir de ese pozo.”