En mi mente
Cerré los ojos escapando del mundo que me abrumaba, en que el cariño es despreciable y el amor propaganda… Me refugié en mis pensamientos y allí, en el caos, me esperabas…
En un rincón perdido de aquel tormento te hallabas, pese a todo lo demás tu alrededor estaba en calma. Allí estabas, perdida cuando más perdido yo me hallaba, exhausta de dar tanto sin recibir apenas nada… Quizá yo buscase una princesa y tú te encontrases a la rana pero qué puedo decir si lo dices todo con la mirada, si cuando me miras como lo haces sobran las palabras, si esos ojos áridos en los que brotan esmeraldas calmaron a la bestia que mis adentros desgarraba, si es tu risa la melodía que estos versos acompaña y tu sonrisa la que me guía cuando el resto se desarma, cuando la oscuridad se cierne como una estrella abandonada. Si eres tú, pequeña, la que da vida a estas metáforas, la que con dos latidos que un “Te quiero” formaban despertaste la poesía que en mí dormitaba. Te encontré, te abracé, tu cuerpo aferré con mis garras, abrí los ojos, ilusionado, y me encontré con la nada, parpadeé, implorante, grité, pero ya no estabas… Sé que es imposible que esto que escribo algo cambiara, pero renegado de tus labios en letras reduzco las distancias formando tensos lazos que nuestras vidas amarran como un hilo rojo que nuestras almas ata. Quizá de nada sirva entonar esta balada, pero recuerda lo que te dije aquella noche helada cuando tu corazón, tímido en un susurro me confesaba. Esperaré, como la gruta que de la nada fue creada derramando gotas de tinta por la curva de tu espalda. No olvides aquellas tres suspiros: Te quiero, ______