Versos en las alturas
Extrañarte dejó de ser variable
para volverse un valor constante
que ya solo se mueve en números positivos.
Nunca pensé que amarte
estuviese escrito aquella tarde
entre las piedras de mi camino.
Te quiero cerca,
acariciándome cada filo
hasta volverlo romo.
Recuerdo tu piel
como el refugio anacrónico
de este primitivo, mitad mono.
De cerebro superdesarrollado,
este primate aún no diferencia
entre la paja y el plomo,
entre lo diminuto y lo inmenso
entre suspiros y kilómetros.
Hace tiempo que los segundos
se me antojan medida exagerada
cuando quiero medir tu espera.
He descubierto que los latidos
son una medida más realista,
puesto que al pensarte aceleran.
Estoy en medio
de un teorema de física cuántica,
pues comparto posiciones
en distintas camas del planeta.
En mi cabeza hay flores bajo diluvios
nieve en una tarde de verano,
microclimas, subestaciones
qué rompen mis esquemas.
Doy vueltas infinitas
en una hamaca irrompible
que aguanta el peso
de todas nuestras historias.
Tengo un segundo infinito
ligado a lo imposible
de poder robarte un beso
que altere tu memoria.
¿Me sientes contigo?
Guarda el medio sueño
qué dejé sobre tu almohada.
Y recuerda, mi amor,
qué llegaré allí tan rápido
como tu corazón lata.