Una noche fría
Como la señal devastada
cuando perdido estaba mi sendero,
como el abrigo
que hace el camino más ameno.
Te encontré cuando
lo di todo por muerto,
cuando pensé que mis palabras
morirían en el silencio
y había tomado a la soledad
como único compañero.
Una noche fría
de las que rozan enero,
toqué la eternidad
al descubrir tus ojos negros.
Dichosos los ojos que no te ven
y el corazón que te siente dentro.
Te pregunté que qué esperabas,
me dijiste que al chico perfecto
“quizá no sea el más adecuado”,
“Para mí, puedes serlo”.
Añoro el día en que tu piel toque
y tus caricias me asciendan a los cielos,
me desvivo por besar
cada letra de tu alfabeto,
y recorrer tu espalda
escribiendo un par de versos.
Ser el refugio
cuando no encuentres fuego,
pues recuerda lo que te dije:
también quema el hielo.
Déjeme recorrer tu cuerpo
con manos de alfarero,
acariciar cada detalle
susurrándote un “Te quiero”
Tatuarte un infinito
sin más tinta que mis besos
sin más aguja que estos labios
con tu piel como lienzo.
“¿Cuánto dura una eternidad?”
“Lo que quieran los viajeros”
“Prométeme una a tu lado - dijiste-
y por siempre serán tuyos mis sentimientos”
Quien sabe, quizá el infinito
tan solo dure un momento,
pero un instante a tu lado
vale más que cualquier milenio.