Un príncipe, una princesa y un dragón
Un príncipe sin castillo, caballero sin espada. Hacia aquella tierra yerma sobre “Estrofa” cabalga. Cuentan las leyendas que aquella tierra demacrada antaño era florida, bañada en oro y plata. Pero entonces llegó la bestia quedo la tierra calcinada y la princesa que allí vivía por aquel ser fue raptada. ¡Oh pobre princesa! ¡Cómo fuiste embaucada por los cumplidos traicioneros de esa boca con escamas! Tú que fuiste bella, viva, alocada, que hasta el mismo cielo doblegabas con tu mirada. Pero ahora solo hay lágrimas, lágrimas desoladas. Pero brillarás de nuevo, refulgirás, mi amada. Lucharé con valor, moriré si hace falta, con el filo de mi pluma y el fulgor de mi palabra. Pues no lucho solo, me acompaña la metáfora. Pues doblego al verso y lo uso como arma. Tiembla ser del inframundo, pues no descansará mi alma hasta despertar un día y ver su tez al alba, hasta que sean sus ojos la luz de mi mañana, hasta que vea su cuerpo envuelto entre mis sábanas, hasta que sea su sonrisa para este perdido un mapa y guíen mi camino los lunares de su espalda. Así que, prepararé bestia, pues su risa será vengada, no quedara impune su felicidad devastada.