Travesías
Sobre la carretera me veo persiguiendo al sol en una carrera suicida contra el atardecer.
Sigo dando vueltas a un mundo bicolor que no sale del gris desde que aposté a perder.
Dejó atrás la luna con sus labios de brillantes, con su risa que estremece mis costillas, ella mira dice
“No eres el de antes”, yo la ignoro mientras lloro a escondidas.
Sigo caminando para no quedarme quieto, no llevo en mis bolsillos más que poemas y recuerdos.
Ya no recuerdo cómo mirar hacia atrás, solo el tic tac del reloj me recuerda lo que es el tiempo.
Y este frío qué contrae mis pulmones me recuerda cada noche como “mi” siempre fue “nuestro”.
Y tengo la tentación de correr hacia la Luna, decirle que a su rostro no se parece ninguna.
Pero entonces recuerdo el dolor, recuerdo cada lágrima en vano, cada vez que quisieron acariciarme y por miedo mordí su mano.
Y asumo lo que conlleva la maldición de poeta.
No poder querer a nadie y tener el alma incompleta.
No poder amar a nadie y tener el alma hueca.
No poder buscar consuelo más que en tristes y finas letras que ven pasar a este anacoreta recogiendo besos y sembrando fuego.
Quizá algún día el camino se acabe y encuentre el mar.
Quizá algún día puedas perdonarme todo aquello que hice mal.