Niño bueno
Buenas noches, mamá. Buenas noches, señor Oso. Mamá sonríe, como cada noche, y me apaga la luz. Me doy la vuelta y miro por la ventana, a Mamá se le ha olvidado bajar la persiana. Fuera hace mucho aire, los árboles se doblan y parece que están bailando, fíjate, el único que no lo hace es ese grande y feo que está en medio del parque, la “sacoya”. Mamá me dijo como se llamaba uno de esos días que me sacaba a pasear y a jugar en el parque aunque ya hace mucho que no salimos. Ella está muy ocupada. Ahora que todos están durmiendo puedo asomarme a la ventana como me gusta hacer cada noche, antes de dormir, además hoy no tendré que hacerlo entre las rendijas de la persiana. Qué bonito es todo de noche, todo está en silencio, como a mí me gusta, el silencio es bonito, pero los mayores no saben disfrutar de él, siempre con sus gritos, sus discusiones, incluso se dan voces llamándose esas cosas que Mamá me dice que no puedo decir, y si lo hago, llama a Papá. Todo está en calma, los árboles se inclinan con el viento, parece que uno se va a romper. El cielo de noche, sin duda, es lo más bonito que hay, y la Luna, jo, qué bonita es, a veces parece que me mira, que me sonríe, incluso creo que alguna vez me miraba de reojo, pensando que no la veía, cuando se pone de perfil. Mamá y Papá dicen que estoy loco, Señor oso, porque les conté lo que me dijiste el otro día, que en realidad la luna tiene forma de plato de sopa y por eso a veces la vemos de lado y tiene forma de eso, de cuenco. Un cuenco enorme que da vueltas y vueltas y los puntitos de la sopa salen disparados y se quedan por ahí todos esparramados, como cuando se cae la sopa al suelo, Mamá dice que eso son las estrellas, todas esas estrellas, más de una noche he intentado contarlas, pero me pierdo cuando llevo muchas y tengo que volver a empezar, quizá mañana lo intente otra vez. ¿Tendrá sopa la Luna? Qué bonita es, toda blanca. El blanco es un color bonito, Mamá solía vestir mucho de blanco antes, he visto fotos suyas de cuando se casó, también iba de blanco, supongo que era porque estaba contenta, el blanco es un color bonito. En esas fotos Mamá sale sonriendo y sale muy guapa, mi mamá es la mujer más guapa del mundo, qué digo del mundo, del universo. Lo malo es que Mamá ya no sonríe tanto, y eso no te lo digo yo, señor Oso, eso lo has visto tú. Ya solo me sonríe a veces. Pocas veces. La calle sigue en silencio, anda, mira, ha llegado un “Tasi”, se está bajando alguien, lleva un paraguas negro, no me gusta esa persona, está ahí, quieta, sin hacer nada, ¿Por qué lleva paraguas si no llueve? Me quedo mirándole un poco más, de repente sube la cabeza y solo alcanzo a ver un trocito de sus ojos antes de agacharme para esconderme, me da miedo, es malo. Bajo la persiana, despacito, no quiero que Papá se despierte… Porque si se despierta enfadado… Poco a poco voy bajando la persiana, aunque estoy en un lado de la ventana, escondido, sigo viendo a la Luna, mientras ella esté ahí no me pasará nada, estoy seguro, lo malo es que ella se esconderá cuando se haga de día, como siempre, y por la mañana tengo que volver a ir al colegio, y ella no estará ahí para protegerme de los niños… Ya le he dicho a Mamá muchas veces que no quiero ir al colegio, que los niños me insultan y se meten conmigo, son muy malos, incluso a veces me llaman cosas que no sé lo que significan, pero luego se ríen todos, así que no estoy muy seguro si es bueno o malo. Jo, que sueño, creo que voy a irme ya a dormir, señor Oso, y deja de decir que un día debería de plantarles cara y pegarle un buen puño a cada uno, es fácil decirlo eh, a mí me gustaría verte a ti delante de todos, que eres muy listo a veces. Lo siento por hablarte así, señor Oso, es que me dan miedo, bueno, como todo un poco, son más grandes que yo y son muchos, me sujetan y me pegan, y no se lo puedo decir a Mamá, porque entonces me pegarán más, además, bastante tiene Mamá con aguantar a Papá cuando se enfada. Bueno, hora de dormir… ¿Oyes eso señor Oso? ¿Son pasos, verdad? ¿Quién viene ahora? Son pasos fuertes, y vienen rápido, tengo que esconderme, rápido, los pasos suenan cada vez más cerca, no sé dónde meterme, suenan aquí al lado, qué hago, qué hago, ¿Bajo la cama? Claro señor oso, ven conmigo, así el monstruo no te cogerá a ti tampoco. Los pasos se han parado, no sé si llamar a Mamá para que venga, porque si despierto a Papá… Eso que suena… ¿Está arañando la puerta? Creo que sabe que estoy en la habitación, pero si me quedo aquí debajo no nos encontrará, aquí estoy bien. Me voy a tumbar de lado porque, con monstruo o sin él, mañana tengo que ir al cole, y tengo que ir despierto, porque como vaya con sueño me duermo, y si la señorita se lo dice a Mamá, Papá se enterará, y ya sabes lo que pasa. Voy a ver si puedo dormirme, jo, qué incómodo es el suelo. Au, me he hecho daño en el brazo, Voy a levantarme la camiseta a ver si me he hecho algo. Ay… Tengo marcas oscuras en el brazo y tres costras alargadas… Pero Papá no tiene las uñas largas… Tengo más manchas por el cuerpo, parezco un perrito como los que pasean las señoras por el parque cada tarde, dando saltitos y corriendo a por la pelota. Mamá dice que siempre tengo que llevar la camiseta de manga larga, y que si me preguntan, tengo que decir que me he caído, al fin y al cabo Papá solo lo hace cuando hago algo mal y está enfadado, Mamá dice que tengo que aprender a ser un niño bueno, y que así Papá no tendrá que hacer eso. Yo creo que no soy un niño malo, me porto bien, intento sacar buenas notas, lo que pasa es que los números son muy difíciles y cuando ya creo que sé cómo se mueven, tenemos que aprender a moverlos de una manera distinta. No me gusta ir al colegio, allí no estás tú, señor Oso, ni mama, ni nadie que me proteja. Tengo miedo, el monstruo no deja de arañar la puerta, quiero llamar a mama, pero entonces el monstruo sabrá que estoy aquí escondido y vendrá a por mí. Si Mamá viniera seguro que le pegaba con la zapatilla y el monstruo se iba por donde ha venido, si es que ha venido de algún sitio y no está aquí porque se haya perdido. Mamá es buena, me cuida, y me quiere un montón. Siempre se ha portado bien conmigo y me ha dado mucho cariño, la quiero mucho. Lo que pasa es que, últimamente, ya no se porta igual, antes estaba siempre sonriendo, pasaba más tiempo en casa, me llevaba al parque a jugar casi cada tarde, cuando no tenía deberes de números. Pero últimamente ya casi no está en casa, me quedo solo casi todo el día. Ya casi no me saca al parque, si me saca es un ratito cada muchos días, ya casi no sonríe, solo cuando me da las buenas noches y cuando se pone a mirar los libros de fotos que guarda y que, si me pilla mirándolos, se pone a llorar, me grita, y entonces viene Papá. Las pocas veces que he podido ver algo, tan solo he visto algunas fotos de ella y Papá, de jóvenes, Papá siempre ha sido más alto, se abrazaban y se daban besos (Qué asco). Hace ya mucho tiempo que no oigo a mama reír. Con lo mucho que se reía ella antes y lo poco que se ríe ahora. Yo creo que se le está olvidando que soy su hijo, pero no sé, señor Oso, yo la sigo queriendo igual, es Mamá. Pero ha cambiado tanto… todo después de que a Papá le pasara aquello, aunque no entiendo por qué, él se volvió a poner bueno y los dos volvieron a casa. Lo recuerdo muy bien, me asomé a la ventana y los vi ahí, en la acera, donde vi antes al señor extraño. Esa noche llovía y llevaban el viejo paraguas negro de Papá, aunque cabían los dos perfectamente. Es verdad, señor Oso, también vinieron en “Tasi” Se quedaron ahí abajo un rato, parecía que a Mamá le pasaba algo, pero no lo sé, llovía mucho. Papá también ha cambiado, ya casi no le veo, y cada vez que lo veo, viene a lo mismo… Antes él no era así, antes no me pegaba, si me portaba mal me regañaba y ya está, ya no me lee sus libros por la noche y no me enseña palabras nuevas, no me habla de los animales ni de las cosas que sabe tanto, ahora simplemente viene cuando Mamá se enfada, me grita, me pega, y se va… Oh, la puerta se ha abierto, la puerta se ha abierto señor Oso, tengo que quedarme muy quieto, muy muy quieto, cállate, que nos va a oír. Veo algo, calla señor Oso, que no, que no voy a salir corriendo. Veo sus pies. No sabía que los monstruos llevaban zapatillas, y menos zapatillas tan chulas. Es curioso, porque no lleva 2, lleva 10. Son como las que nos obligan a llevar a clase los días que hay que correr, las tengo bien vistas, estoy harto de que me peguen patadas y me pisen. La verdad es que no sé qué les he hecho para que se porten así conmigo, yo llegué al colegio e intenté hacerme su amigo, pero se rieron de mí y empezaron a tirarme cosas en clase, también se pasaban notitas en las que ponen que soy tonto, bueno, y cosas peores, pero no puedo decirlas porque Papá se enfadará, sí, señor Oso, me llaman eso, pero no lo digas muy alto que no quiero que se enfaden contigo tampoco. Como me enfadaba con ellos y me ponía triste, empezaron a dejarme solo en el recreo, aunque a veces me miraban y se reían de mí. Ahora se dedican a jugar al pillapilla conmigo, y cuando estamos en ese sitio del recreo detrás del gimnasio, empiezan a pegarme, pero no se lo puedo decir a nadie señor oso, ya lo sabes. Supongo que son sus juegos, cada persona juega de una forma distinta. Últimamente, les ha dado por llamarme cosas nuevas, pero están un poco tontos, la verdad, porque me llaman cosas que no son verdad, porque yo tengo papá, lo que pasa es que está casi siempre trabajando y por eso ellos no lo ven. Ya no saben que inventarse para hacerme daño. Ya, lo sé, señor Oso, sé que son tonterías de niños, pero jo, yo no les he hecho nada, intenté ser su amigo, y mira todo lo que me hacen, no me gusta. ¿De dónde habrá sacado el monstruo las zapatillas? Quizá sea verdad que tan solo es un monstruo perdido y no sepa dónde está su casa y haya pasado por el colegio antes de pasar por aquí, calla, señor Oso, pues claro que tiene sentido, si no, ¿Qué más podría ser? Voy a asomar un poco la cabeza a ver si le veo. Ala, mira, señor Oso, mírale, con cuidado que no te vea. Parece una tele que no funciona, va cambiando, a veces tiene el pelo largo y otras corto, lleva traje y luego vestido, sus pies van cambiando de zapatillas cada vez que parpadeo, a veces tiene uñas largas, pintadas, sí, exacto, como mamá, y a veces tan solo tiene unas manos grandes. Mira, mira su cara, qué gracioso, ¿No?, se parece a mí, creo que tan solo está perdido, porque está llorando, voy a salir a preguntarle que qué le pasa, cállate ya, señor oso, no va a pasar nada. Oye, pero que le pasa, se ha puesto a temblar. Eh, monstruo, pero que te pasa, a dónde vas tan corriendo, ¿Sabes ya dónde vives? Oh no, el monstruo le ha dado un golpe a mi lámpara de la mesa y la ha tirado, ahora va a venir Papá, no, no, no, por favor, ahora no ha sido mi culpa, no he sido yo, ha sido el monstruo, pero eso Papá no lo va a entender, me va a pegar otra vez, no, por favor, otra vez no. Oigo sus pasos, está muy enfadado, tengo que ir a decírselo a Mamá, ella podrá hablar con él, ella me creerá, sabrá que lo que le cuento es verdad y podrá hablar con Papá antes de que me haga algo. Ven conmigo, señor Oso, no quiero que te encuentre a ti aquí, solo, que tú no puedes defenderte, y no, no le vas a poder convencer, sabes que ellos son mayores, no te oyen, y ahora calla que él ya ha comenzado a subir las escaleras. Voy corriendo por el pasillo, oigo los pasos detrás, giro en la esquina del baño, huele fuerte, como a lo que Mamá bebe. Llego a su puerta, no se abre. Está detrás de mí. Empujo con todas mis fuerzas. Estoy dentro. Voy corriendo al borde de la cama de Mamá y la doy unos toquecitos en el brazo.
-¿Qué pasa?- A mamá le huele el aliento muy fuerte, creo que ha estado tomando eso otra vez.
-Mamá, Papá viene otra vez a por mí, pero no he hecho nada, te lo prometo, ha sido el mons…- Mamá me coge del brazo, ay, me hace daño, está apretando mucho.
-Te he dicho muchas veces que Papá no está, que Papá está muerto, así que vete a tu condenado cuarto si no quieres que…
Parpadeé y allí estaba, Papá, con su puño en alto.
Aquella noche debí de haberme ido a dormir.
Debí de haber sido un niño bueno.