La historia interminable (I)
Porque en diciembre no solo acabó mi año, ni fue otro año lo que empezó en enero, fueron las risas que había olvidado y las sombras de atrás se fueron. Que fue una bonita casualidad atrapada detrás de un paquidermo, fue una noche de las que no acaban y diez días que se hicieron eternos. Fue enamorarme de una risa y unos ojos, y del amargo sabor de sus “Te quiero”, que dulces en al nacer, se agriaban pasando 200.000 metros. Uno por cada caricia que guardaba en el tintero aguardando el instante en que rozasen tus dedos. Que no fueron sus ojos ni el ver en ella un espejo, que no fue su S-Pain, ni reírnos de los ceniceros, que no fue llamar asesinos a los cobardes de los toreros, no fueron los temas de Kase-O ni la nebulosa entre versos, qué va, eso no fue, no fue nada de eso. Y no preguntes, pues no sé lo que me atrapó en aquel momento, tan solo sé que una vida llevaba esperando leer aquello. Leer que no estaba solo en este mundo de rateros, donde ya no cabía amor en los bolsillos de este viajero. Esperando su pelo rubio, sus ojos negros, su sonrisa a medida, sus dientes perfectos, sus caricias prohibidas, su metro y medio. Y qué más da los que digan que el amor no es esto y que no te enamoras tras un teléfono, porque no saben lo que despiertas cuando me miras y te veo, cuando das un saltito al verme de nuevo, cuando levantas los brazos y ni mi corazón siento, cuando te dije “Hasta esta tarde” y me diste un beso, y se me cayó el mundo y resucité de entre los muertos, y se callaron las estrellas y se paró el tiempo. Que eres yo y yo soy tú, que hasta en la oreja nos parecemos, que me llamarás tonto y yo me meteré con tu pelo, que me llamarás idiota, te besaré, me besarás, reiremos. Que no nos cojerá el mundo si no paramos de movernos, que no pasaran años ni las penas si corremos. Que no me sueltes la mano, que no importa si nos caemos por abrazarte por la espalda y tropezarme hasta con el suelo. Que contigo soy feliz que contigo no tengo miedo. Que contigo el fuego no quema y no es tan frío el hielo. Que no me dejes nunca, que no abandones mi cielo, que tardé mucho en encontrarte y que me pierdo si te pierdo. Que te amo, joder, que antes de ti, había un agujero, pero te conocí, y sin ti, muero.