El mundo sigue en su sitio
Ven, dame tu mano. No temas, no pasa nada. Tranquila, estás conmigo. Vamos, no seas mala.
Déjame indagar en lo profundo de tu mirada. Quiero llegar hasta el punto donde nacen mis metáforas. Déjame encontrar tus cosquillas más rebuscadas. Leer con mis manos los misterios de tu espalda. Déjame escribir versos sobre tu cara. Intentar plasmar la belleza entre líneas desfiguradas. Déjame perderme en el enigma de tu magia. Desorientarme entre tus brazos. Encontrar en ti mi mapa. Déjame derruir lo que llevo a mis espaldas. Tapar con tus labios las heridas que aún sangran. Déjame demostrarte que el tiempo no es nada. ¿Un rato alargado o una eternidad acortada?
Qué más da el tiempo. Qué más dan las palabras. Qué más da lo que te escriba. Qué más da lo que yo haga.
La tierra sigue girando. El sol sigue en llamas. Pero mírame otra vez. Y derrite mi escarcha.
El agua sigue corriendo. Los pájaros aún cantan. Pero bésame otra vez. Y para el reloj que nos ata.
La vida sigue pasando. Mi pasado aún me llama. Pero acaríciame otra vez. Casi llegaste a mi alma.
Quizá todo esto se acabe. Al fin y al cabo, no somos nada. Pero no sueltes mi mano. Y susúrrame que me amas.
Y, si el mundo termina, que nos pille en la cama después de haber manchado de pecado nuestras sábanas.