Poemas

De(scom)presión

El fondo de mis retinas
solo refleja el techo de mi habitación.
En mis oídos el zumbido
del lento batir de este corazón.

Las sábanas, de cemento,
oprimen mi pecho contra la cama
y el aire no llega a mis pulmones.
Olvidé abrir la ventana.

Creo que el sol sigue brillando
más allá de las persianas.
El tiempo es difícil de seguir
cuando ni siquiera puedes contar lágrimas.

No sé cuánto llevo aquí
en esta apatía permanente,
en este silencio constante,
en esta cárcel perenne.

Mamá dice que estoy serio
y que estoy siempre triste.
Te prometo que quiero salir,
pero la risa se me resiste.
Que sigo siendo tu niño
aunque ya no sonría,
te sigo queriendo
aunque me enfade cada día
y pasee por los pasillos
como un autómata sin vida.

El vacío de mi alma
va tragando poco a poco
los restos de lo que fueron
antaño días de oro.

Mamá no llores,
saldré de esta.
Tras el incendio
también renace la foresta.

El dolor en mis manos
aumenta por segundos,
desgastando las heridas
de nuevo contra los muros,
intentando controlar la desesperación
que nace en mis rincones más oscuros.

Sentir dolor es mejor
que no sentir nada
cuando la culpa acecha
y te oprime la garganta.

Cariño, sé que te hablo menos
y quizá pienses que te quiero menos.
Que estoy más irritable
y que no parezco sincero.
Sé que tú también
me echas de menos.
¿Pero entenderías esta pena
si te la cuento?
Sé que todo estará bien,
superaré esto, te lo prometo.

Confundo con el deseo
el miedo a desaparecer.
¿Puede un hombre muerto
sentir volver a nacer?

Las voces dicen que todos me engañan,
que estarían mejor sin mí.
Dicen que molesto,
que debería morir.

Vivo conectado a unos auriculares
para intentar no oírlas.
Pero por mucho que suba el volumen
se cuelan en mis pesadillas.

No duermo.
Tampoco estoy despierto.
El café ya no funciona.
Los días son eternos.

El mundo es hostil
mi careta de mármol me enmascara,
intentando que la ansiedad
se olvide de mi cara.

Los demonios duermen
debajo de mi almohada.
Me susurran cada noche
que no valgo nada.

Hace meses
que no escribo ningún verso.
Ya ni siquiera
me queda eso.

La energía suficiente
para seguir respirando.
Mi aliento queda impregnado
en el techo de mi cuarto.

“Me gustaría haber podido escribir esto 5 o 6 meses atrás, pero en aquel entonces no pude. Lo escribo ahora para recordarme a mí mismo dónde estuve y de dónde salí. Gracias a todos los que estuvieron ahí aunque yo no estuviese, a los que esperaron mi regreso. Pero sobre todo gracias a mí mismo, por haber logrado salir de ese pozo.”