Cementerio de elefantes
He vuelto a escribiros.
Esta noche regresasteis
a atraparme.
Las ventanas rotas,
la puerta abierta
y magullada la carne.
Prometí que mis versos
no volverían a caer
de vuestra parte.
Pero es el último poema
en que me rompo
para olvidarme.
Nacísteis de la traición,
de un corazón roto
por “Te quieros” de aire.
Crecisteis a mis espaldas
echando raíces en mi mente,
dejando una huella imborrable.
Siempre estuvisteis ahí.
Decíais protegerme
cuando buscabais aislarme.
Me volvisteis frío
y los demás se alejaron
por miedo a helarse.
Me hicisteis ruin
me enseñasteis a esconderme,
a no fiarme.
Fuisteis devastadores
animales enormes
que resultaron ser insignificantes.
Vuestros colmillos
me atravesaron
sin que hubiera sangre.
Nacísteis en septiembre
y avocasteis mis primaveras
a un eterno desastre.
Me enseñasteis la sombra,
alegando que ahí
no podría quemarme
cuando realmente
buscábais desesperadamente
conseguir aislarme.
Me instruisteis en no querer
a huir por miedo
a volver a ser despreciable,
a alejar de mi lado
a todo aquel
que intentase descifrarme.
Sois fantasmas
de lo que muere
pero no de lo que nace.
Pesáis tantos
que mis manos
ya comienzan a soltarse.
Jamás creísteis
que tras la tormenta
la calma llegase.
Pero ahora os dejo.
Me arranco las entrañas
para soltar este lastre.
Os abandono en este pozo
para que no ensuciéis
más mi arte.
Porque ahora está ella.
Y cuando me sonríe
mi corazón late.
Y sé que será difícil
tras arrancaros de mí
el volver a levantarme,
pero me dejaré las uñas
entre gritos
y bocanadas de aire
para dejaros atrás
y que os perdáis
y no os encuentre nadie.
Ahora caed, marchitaos,
vuestro tiempo ha llegado,
no hay lágrimas que os aguarden.
Vendréis aquí a morir,
olvidados, repudiados,
y muertos de hambre,
pues ya no os podréis alimentar
de las pesadillas
que decoran mis instantes.
En este papel yacéis.
Estos versos serán
mi cementerio de elefantes.