Amor en cuarentena

El bolígrafo solloza
al desgastarse de nuevo
frente a un papel ajeno, que,
falto de costumbre
y frío como el hielo
no recibe los trazos con aprecio.
En el hastío de la soledad,
lejos de la muchedumbre,
de un capullo raído y viejo
comienza a brotar una mariposa
y descubro que mis ruinas,
pese a estar rotas,
siguen siendo hermosas.
Encerrado.
Entre cuatro paredes.
Los días eternos.
Nada se mueve.
Pero aun en este exilio
siento una brisa fría
acariciando mis adentros
cuando alcanzo a escuchar tu risa.
Tras una pequeña ventana
bromeo, provoco tu sonrisa
y en estos tiempos que corren
bendigo la tecnología.
¿Te habrás fijado
en cómo te miro,
en cómo celebro tu alegría
y me rindo a tus suspiros?
¿Sabrás acaso que vivo anhelando
el momento en que te ruborizas
y que cuando te muerdes la lengua
siento mar, arena y vida?
Me pregunto si cuando descuelgas
colocas tu pelo por costumbre
o lo haces por verme,
a sabiendas de que eres lumbre.
También si todo esto
no es más que delirio
o si tú, al mirarme,
también sientes menos el vacío.
Aunque no lo sepas
me has ayudado
a cambiar de vida.
Ojalá supieras
que has despertado
a mis musas dormidas.
¿Tú también sonríes
al escuchar mi voz?
¿Tú también tiemblas
al hablar de amor?
¿Será recíproco
el aleteo simultáneo
a esa notificación
que llega cuando escribes
y detiene en un instante
mi respiración?
Solo sé que quiero
volver a verte.
Estirar mi mano, tocarte,
saber cómo hueles.
¿Pensarás en mí
en la mañana
cuando despiertes?
Tengo miedo
de que esto acabe,
de que podamos vernos
y la magia se marche.
Tengo miedo
de acercar al tuyo
un corazón infectado
que no sabe querer
y vive atrapado
entre el mañana y el ayer.
¿Cómo puedo mantener
mis sentimientos en cuarentena
si te ríes, te sonrojas,
y me tiemblan las piernas?
A veces pienso que lo que siento
no dista a lo que sientes
y que cuando me estremezco
tú lo sabes y te estremeces.
No sé si todo esto
será locura de prisionero
o será cierto que hemos conectado.
Lo que tengo claro
es que espero ansioso el día
en que acabe este encierro
para atreverme a comprobarlo.
Imagen de Pascal Campion