Agonía
Está oscuro. Hace calor. Me sofoco entre la penumbra mientras siento dolor en mi cuerpo. Mis piernas doloridas no aguantarán mucho más en pie. No veo nada. Solo recuerdo gritos y golpes. Haber entrado a un habitáculo de mínimas dimensiones donde me golpeé repetidas veces por los vaivenes y sacudidas del mismo. Estoy desorientado y la temperatura me obliga a respirar forzosamente, no logro tomar el aire suficiente para mi sustento. No sé cuanto tiempo llevo sin dormir, solo sé que estoy cansado. Muy cansado. Oigo algo. Ruidos. Veo formas entre la oscuridad. Vienen hacia mí. Tengo miedo. Qué quieren de mí. No he hecho nada. Soy inocente. Hablan una lengua que escapa a mi comprensión. Gritan y me propinan sendos puñetazos sobre las espaldas. Qué quieren de mí. Llega el primer impacto. Una rígida vara impacta sobre mi costado. Me duele. Varias de las figuras aprovechan mi extenuación para abrir amplias llagas en mis plantas. No puedo mantenerme en pie. El suelo arde. Entre el dolor noto que mi estómago ruge. No sé cuanto tiempo llevo sin probar bocado alguno. Siguen torturando mis extremidades y noto sus filos desgarrar mis plantas, noto el hierro arañar mis huesos y la vibración de estos recorriendo todo mi ser. Duele demasiado. Tengo sed. No hay agua. Intento respirar, pero debido a la sequedad conjunta del ambiente y de mi garganta el aire no me satisface. Pese al dolor me pongo en pie para poder enfrentar a aquellas figuras, pero al intentar ir a por una de ellas reparo en que me encuentro atado, inmovilizado por cadenas que me sujetan. Los golpes empiezan a hacerse cada vez más continuados y se producen sobre la carne ya dolorida. Noto sabor a sangre en mi boca. Magullan sin piedad todo mi cuerpo, mis extremidades, mi torso, tan solo dejan mi cabeza libre de represalias. Patean mi entrepierna mientras sueltan alaridos parecidos a la risa humana. No logro comprenderlos. No hice nada malo. No merezco esto. No sé qué hago aquí. Logro entrever la mano de uno de ellos con un recipiente, de él saca algún tipo de ungüento que se extiende por las manos. Me están sujetando la cabeza. No puedo moverme. Noto como agarran mi cabeza mientras abren mis párpados para que aquella figura alargue su mano para extender aquello sobre mis ojos, inflamados después de días sin dormir. No veo nada. Escuece. Intento quitármelo, pero mis extremidades están sujetas. Qué quieren de mí. Me arden los ojos. Siento como el ardor penetra por mis ojos y se extiende por toda mi cabeza. No veo nada. Solo vagas sombras difuminadas y emborronadas. Soltadme. Soltadme de una vez. No merezco nada de esto. No he hecho nada para merecerlo. Por favor. Parad. Soltadme o matadme de una vez. Un momento. Veo una luz. Dos puertas se abren. Mis cadenas se sueltan. No siento esas sombras rodeándome. Corre. Corre hacia ellas. No mires atrás. Cada vez está más cerca. Más cerca. Luz. Arena. Llagas. Calor. Gritos. Música. Infierno. Apenas alcanzo a distinguir figuras a más de dos metros. Noto como los pequeños granos de arena se introducen en las llagas. El calor es extenuante. El suelo arde. Oigo gritos del gentío y una música que retumba en mis oídos. ¿He llegado al infierno? No. Ahí viene otro. Brilla. Viene a por mí. Qué es esa tela. ¡Aparta eso de mí! Pese al dolor que fustiga cada uno de mis músculos embisto. A ciegas. Y fallo. Me arden las llagas. Los ojos me escuecen. Oh, no. Ahí vienen más. Noto como perforan mi espalda hasta llegar a las costillas, desgarrando mi carne. Que esto pare por favor. Solo quiero irme a casa. No sé si pasan segundos, minutos, horas o días bajo ese calor extenuante, esa arena escurridiza y esos canticos infernales. Huyo. Intento defenderme de esos seres. A veces montados en otros animales. ¿No veis lo que me hacen? Dejad de ayudarles. Oigo un sonido estridente rasgar el ambiente. Todo el mundo enmudece. Ahí viene otra vez. Trae algo en la mano. Atrás. Aparta eso de mí. No me obligues a… Noto como un filo entra por la parte posterior de mi cuello, rasga mi piel, mis músculos, rompe una de mis vértebras para seccionar mi médula, atravesando mi columna para perforarme un pulmón y rasgar mi estómago. Caigo al suelo. No siento nada. Solo dolor. Mucho dolor. La sangre invade mis vías respiratorias. No puedo respirar. El ácido de mi estómago empieza a invadir mi interior. Las sombras se acercan. Noto que hacen algo a mis espaldas. Comienzan a cortar partes de mí mientras vuelve a oírse el gentío. Vuelve el hombre brillante con algo en su mano. Me mira a los ojos. ¿Por qué me has hecho esto? ¿Acaso lo merecía? No hice nada. No dañé a nadie. Era inocente. Inocente. Un golpe seco en mi nuca. Todo oscurece. Era inocente. Inocente.
“La plaza corea y alaba entusiasmada al diestro que recibe las dos orejas y el rabo del animal. Espectacular esta tarde en la plaza de las ventas. Hasta el domingo que viene telespectadores”